Me operaron de fimosis con 18 años.
En principio tenía que ser una intervención sin importancia; la última visita al cirujano me había dejado un poco más tranquilo:
-Te quitamos lo que te sobra, te damos unos puntos y te vas a casa como nuevo- me dijo el dr. Andrade.
A mi me sonó un poco como esos anuncios de financieras en que te ofrecen 6000 euros sin dar explicaciones y en 24 horas; siempre te queda la sensación de que hay gato encerrado.
Cuando acabó su trabajo me dijo que me iba a poner una venda para evitar erecciones nocturnas. Se refería a esas erecciones incontrolables y que no tienen nada que ver con el sexo, son fisiológicas o por lo menos eso dicen.
Pues eso, yo me fui a casa la mar de contento, porque no me dolía nada, pobre ingenuo lo que no sabía es que todavía estaba bajo los efectos de la anestesia. Lo peor estaba por llegar.
Llegué a casa cansado, supongo que por los nervios pasados durante el día y la noche anterior, así que mi apéndice (por llamarlo de algún modo) y yo nos fuimos a dormir.
Cabe decir que la inflamación de la zona había hecho que aquello creciera considerablemente, aún estando en estado de reposo. Por eso me fui a la cama con una media sonrisa en la boca.
Al día siguiente me desperté aturdido. Fui al baño y cual fue mi sorpresa al encontrarme una considerable erección disfrazada de la momia. Como el día anterior una sonrisita me iluminó la cara, aunque no durante mucho tiempo porque enseguida que intenté mear, el bienestar que me hasta ese momento me había producido la anestesia brilló por su ausencia y un par de lagrimones rodaron por mis mejillas. Yo no le di mayor importancia y lo consideré algo normal en el postoperatorio.
Cuando habían pasado tres días desde la intervención, el capullo (y perdonen la expresión) lo tenía negro y enorme. Era normal llevaba tres días empalmado.
¿Han leído esa novela de Quim Monzó? ¿La magnitud de la tragedia? Pues créanme que sé lo que sentía el protagonista. Ni el aire me podía rozar, pues imagínense la tela del pijama porque los calzoncillo ni verlos.
Hasta ese momento, me había mantenido pudoroso y no le había enseñado a nadie mi monstruo particular. Pero señores, llega el momento en la vida de un hombre en la que tiene que guardarse su orgullo y pedir ayuda. Y ese momento había llegado para mi o dejaría de ser un hombre para convertirme en un eunuco. Y pedí ayuda: mi madre quedó escandalizada y fue a por una segunda opinión. En cinco minutos tenía a todo el edificio admirando mi masculinidad. El vecino con más iniciativa me montó en su coche y me llevó de urgencias.
Imaginen la instantánea: un chaval de dieciocho años entrando en urgencias con una tienda de campaña (con avance) dentro del pantalón, las lágrimas saltadas y sin poder sentarse, mientras su señora madre le explica al funcionario de recepción el mal que me aquejaba. A todo esto, el resto de enfermos no perdían detalle de nada.
Una vez dentro de mi box, aparecieron tres o cuatro señoritas detrás de una enfermera que se disponía a quitarme la condenada venda. Yo, con la voz entrecortada por los sollozos, pregunté que hacía tanta gente allí y ella me respondió que prácticas.
Sin palabras...
Arreglaron lo mío retirando la venda y con una crema antiinflamatoria que me aplicaron la enfermera y sus secuaces. Me advirtieron de que sin la venda, si volvían a aparecer erecciones nocturnas, podrían saltarse los puntos y me recomendaron dormir con un barreño de agua fría a los pies de la cama.
Hola...disculpa la pregunta pero yo tb me circuincide hace dias y tengo problemas en las noches por las erecciones nocturnas ...como las puedo evitar?? a que te refieres con un barreño de agua fria??
Desde ya muchas gracias
efectivamente bro las erecciones nocturnas son muy desagradable y peligrosas duerme con hielos en una media y en lo que empieze las erreciones sacas el hielo y te lo pones a un lado eso calmara !! a mi tambiem me operaron!!